IA aplicada

Tu empresa usa IA.La pregunta es si gana más dinero por usarla

Cada vez más empresas utilizan inteligencia artificial. Muchas ahorran tiempo. Bastantes producen más. Pero existe una diferencia importante entre usar IA y conseguir que la IA mejore realmente el negocio.

25 septiembre 2026| 8 min de lectura|Por Álvaro Cerrada
Balanza empresarial que compara herramientas de inteligencia artificial con crecimiento y retorno económico

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Hay una escena que se repite constantemente.

Una empresa empieza a utilizar inteligencia artificial.

El equipo redacta emails más rápido.

Resume reuniones.

Prepara documentos.

Analiza hojas de cálculo.

Genera presentaciones.

Todo parece ir mejor.

Hasta que alguien hace una pregunta incómoda:

¿Cuánto dinero estamos ganando gracias a esto?

Y nadie sabe responder.

La gran paradoja de la IA en 2026

McKinsey publicó en agosto su estudio global sobre el estado de la inteligencia artificial en 2026.

El dato más interesante no es cuánto ha crecido su uso.

Es la distancia entre productividad y resultados empresariales.

El 80 % de los encuestados afirma que la IA ha mejorado su productividad individual.

Pero solo el 37 % atribuye algún impacto en el EBIT de su empresa al uso de IA.

Ahí está uno de los grandes problemas actuales.

Estamos utilizando mucha IA.

Pero todavía estamos convirtiendo poca de esa capacidad en resultados económicos medibles.

Ahorrar diez minutos no siempre crea valor

Supongamos que un empleado tardaba treinta minutos en preparar un informe y ahora tarda diez.

Fantástico.

Ha ahorrado veinte minutos.

Pero falta una pregunta:

¿qué ocurre con esos veinte minutos?

Si simplemente se utilizan para contestar más correos, hemos mejorado productividad.

Si permiten atender cinco clientes adicionales, reducir errores o cerrar más ventas, hemos creado valor.

La diferencia es importante.

La productividad mide cuánto trabajo hacemos.

El negocio mide qué conseguimos con ese trabajo.

Hemos empezado la adopción de IA por el sitio más fácil

Era lógico.

ChatGPT apareció y millones de personas comenzaron a utilizarlo individualmente.

Redacción.

Resúmenes.

Búsqueda.

Análisis.

Presentaciones.

Código.

El beneficio era inmediato y no requería transformar la empresa.

Pero ahora llega una segunda fase bastante más complicada.

Conectar IA con:

ventas,
operaciones,
marketing,
atención al cliente,
datos,
software interno.

Y ahí ya no basta con enseñar prompts.

Hay que tocar procesos.

Antes de elegir herramientas, el diagnóstico de IA de IAMK ayuda a identificar dónde existe una oportunidad medible.

Una empresa no debería medir «uso de IA»

He visto indicadores como:

«El 72 % de la plantilla utiliza IA semanalmente.»

Interesante.

Pero económicamente significa muy poco.

Podrían estar utilizándola para generar veinte versiones de un PowerPoint que antes tenía cinco.

Una estrategia seria necesita conectar cada aplicación de IA con alguna métrica de negocio.

Comercial

Antes: un vendedor gestiona 40 oportunidades.

Después: gestiona 65 manteniendo la misma tasa de conversión.

Atención al cliente

Antes: primera respuesta en tres horas.

Después: primera respuesta en doce minutos.

Marketing

Antes: siete días desde briefing hasta campaña.

Después: dos días.

Administración

Antes: ocho horas semanales conciliando información.

Después: dos.

Dirección

Antes: informe mensual disponible el día 12.

Después: información actualizada diariamente.

Aquí ya podemos empezar a hablar de retorno.

La métrica que más me interesa: coste por resultado

En muchos proyectos de IA se mide cuánto cuesta la herramienta.

Ese dato aislado sirve de poco.

Imagina un sistema que cuesta 600 € al mes.

Puede parecer caro.

Pero si permite recuperar veinte horas de trabajo administrativo, generar cinco oportunidades comerciales adicionales o evitar dos errores importantes, probablemente sea barato.

También puede ocurrir exactamente lo contrario.

Una empresa puede pagar 20 € por empleado y tener una herramienta prácticamente gratis que no cambia nada relevante.

Por eso prefiero calcular:

coste del proceso antes / resultado obtenido

frente a:

coste del proceso después / resultado obtenido.

Eso obliga a hablar de negocio.

Puedes consultar casos reales de IAMK para ver cómo el criterio operativo precede a la tecnología.

La IA también empieza a cambiar la decisión entre comprar y construir

Hay otro dato interesante en el estudio de McKinsey.

Un 32 % de los encuestados afirma que su organización decidió no comprar algún producto o funcionalidad de software porque podía desarrollarlo internamente utilizando herramientas de programación agéntica.

Eso abre otro frente.

Durante años, cuando una empresa necesitaba una funcionalidad tenía dos opciones:

adaptarse a un SaaS
o encargar desarrollo a medida.

La IA está reduciendo el coste y el tiempo de construir determinadas herramientas internas.

No significa que haya que fabricar todo.

Significa que la ecuación comprar frente a construir está cambiando.

Y eso también es ROI.

La guía sobre desarrollo a medida frente a SaaS ayuda a ordenar esa decisión sin asumir que una opción siempre es mejor.

Un método sencillo para evaluar cualquier proyecto de IA

Antes de implantar nada, respondería cinco preguntas.

1. ¿Qué proceso estamos intentando mejorar?

No «marketing». No «administración». Un proceso concreto.

2. ¿Cuánto cuesta hoy?

Horas, personas, errores, retrasos o pérdida de oportunidades.

3. ¿Qué parte puede mejorar realmente la IA?

No todo tiene por qué automatizarse.

4. ¿Qué métrica comprobaremos?

Tiempo. Conversión. Coste. Ingresos. Errores. Capacidad.

5. ¿Cuándo lo volveremos a medir?

30 días. 60 días. 90 días.

Si después de ese periodo no podemos demostrar mejora, hay que revisar el sistema.

En qué construye IAMK encontrarás el enfoque aplicado a procesos, herramientas y sistemas propios.

El problema no es que la IA no funcione

Funciona.

Y cada vez mejor.

El problema aparece cuando confundimos capacidad tecnológica con resultado empresarial.

Tener ChatGPT.

Tener Copilot.

Tener Gemini.

Crear agentes.

Automatizar procesos.

Todo eso son medios.

La pregunta importante sigue siendo mucho más aburrida:

¿qué ha mejorado en el negocio desde que lo implantamos?

Más ventas.

Menos coste.

Más capacidad.

Más velocidad.

Menos errores.

Mejor experiencia del cliente.

Si ninguna de esas variables cambia, quizá tengamos una herramienta interesante.

Pero todavía no tenemos transformación.

Conclusión

La primera etapa de la inteligencia artificial consistió en aprender a utilizarla.

La segunda será bastante más exigente:

aprender a rentabilizarla.

Y probablemente ahí se separen las empresas que simplemente han añadido IA a su día a día de las que consiguen construir una ventaja real alrededor de ella.

Porque utilizar inteligencia artificial ya empieza a ser normal.

Conseguir que mejore la cuenta de resultados todavía no.

¿Sabes cuánto valor está generando realmente la IA en tu empresa?

En IAMK analizamos procesos, sistemas y datos para encontrar dónde la inteligencia artificial puede producir impacto medible.

No medimos cuántas herramientas tienes. Medimos qué cambia después de implantarlas.

Evaluemos el impacto

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